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Durante años la pelota vasca fue la gran afición de mikel. En la imagen de la dcha, con 18 años en la final del primer Campeonato del Mundo que jugó. La bici entonces la utilizaba para ir a estudiar y a entrenar.

Seguido se muestran los principales trabajos escritos que realizó. Si te interesa alguno te lo podemos enviar en pdf.

 

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coordinar el primer reglamento de todas las modalidades de la pelota vasca, fue un orgullo

En aquella época en que mikel desayunaba, comía y cenaba pelota vasca, escribía también pelota vasca, entre otras cosas, un cuentillo que tituló "Barren", adaptación del cuento popular "El Amor y la Locura".

 

   

 

BARREN

 

Cuentan que una vez se reunieron en un trinquete todos los sentimientos y cualidades, y ocurrió cuanto sigue:

Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la animación, como siempre tan alegre, les propuso:

- ¿Jugamos a barren?

La intriga levantó la ceja, y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó:

- ¿A barren? ¿cómo se juega?

- Es un juego de pelota -explicó la animación- en el que todos participamos y poco a poco nos vamos eliminando conforme fallamos.

- ¿Y quién gana? -preguntó la ambición-.

- Será el que quede el último -respondió la intuición-.

- Pero... ¿a qué jugaremos? son muchas las modalidades de pelota -planteó la sabiduría-.

- Deberíamos elegir la más adecuada a todos -recomendó la igualdad-.

- Cesta punta; juguemos a cesta punta -sugirió la universalidad-.

- ¡Noooo, cesta punta no! Deberíamos jugar a joko garbi -sentenció la limpieza-.

- ¿Y porqué no a pasaka? -añadió la antigüedad-.

- ¿No os parece mejor a remonte? -propuso la habilidad-.

- Sería mejor a pala -insinuó la nobleza-.

- A xare aún sería más apropiado -afirmó la espectacularidad-.

Así continuaron las propuestas, cada uno aportaba la suya hasta que la sensatez mostró su opinión:

- En las modalidades que estáis mencionando la pelota va muy rápida, este trinquete es pequeño y además somos muchos para tan poco espacio. ¿No sería mejor jugar a mano? -Su argumentación finalizó acompañada del convincente bote de una pelota goxua, que disipó cualquier tipo de duda y derivó en el consenso general.

Así, de esta manera tan simple, todos y todas fueron entrando al trinquete con la intención de iniciar el juego; menos la pereza, que dijo estar cansada y prefirió seguir sentada en el graderío.

Y sin más preparación, comenzó el juego la traición, quien sacó sin avisar y con las prisas hizo falta de saque.

Le siguió la contradicción, quien sin nadie saber porqué, decidió enviar la pelota en dirección opuesta, hacia el rebote.

La puntería despertó la admiración de todos al conseguir eliminar a la bondad, maldad e indiferencia, en tres ocasiones consecutivas, con una misma jugada realmente precisa y vistosa: “fraile-xilo”.

Detrás fue la envidia, que al intentar copiar a la puntería, ajustó tanto su pelotazo que dio en la chapa.

La generosidad se fue a la calle en una jugada conflictiva en la que parecía que iba a golpear el miedo, que estaba junto a ella, pero al final ninguno de los dos devolvieron la pelota a buena.

Fue la paciencia la siguiente en desfilar al graderío. Esperaba que la pelota iba a pegar en el marco, pero un perfecto “punpa-sare” del talento le hizo perder el tanto.

El juego cada vez se animaba más, contaba con la intervención no sólo de los más próximos al frontis, sino incluso de los más rezagados, escondidos en el cobijo del “gibeleko taula”. La astucia, haciendo rodar la pelota por encima del tejadillo o golpeando “lore”, les impedía seguir en el anonimato. De esta manera consiguió eliminar a la discreción, la prudencia y la cautela.

Poco a poco el trinquete se fue vaciando. Antes o después todos dejaban de ser jugadores para formar parte de un cada vez más numeroso público, entre el que el bullicio se hacía ensordecedor. Unos animaban a sus amigos, otros cantaban sus apuestas del favorito para el triunfo final, y otros vibraban con la incertidumbre de saber quién sería el siguiente que les iba a  acompañar.

Por fin llegó el momento definitivo; tan solo dos pelotaris permanecían en la cancha. La tradición y la modernidad no solo habían conseguido ser las mejores entre todos, sino que habían demostrado que el trinquete es una instalación que se adapta perfectamente a las características de ambas.

- Deberíais desearos suerte mutuamente -sugirió la deportividad desde el graderío, justo antes de que cantasen “la novia”-. Y así lo hicieron, con un apretón de manos tan efusivo, que ya no pudieron separarse, unidas por el adhesivo empleado en los tacos de las manos de la modernidad.

Ante esta situación, todos demandaron con su mirada la intervención de la justicia. Ésta propuso que dada la imposibilidad de continuar el juego con normalidad, ambas fuesen proclamadas "txapeldunak".

Desde entonces, desde que todos los sentimientos y cualidades jugaron a barren, en la pelota vasca tradición y modernidad son inseparables y avanzan en un mismo sentido, cogidas de la mano.

 

 

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